"Christmas" - ¿dónde está Cristo?

¡Al mundo paz, nació Jesús!
Nació ya nuestro Rey;
El corazón ya tiene luz,
Y paz su santa grey,
Y paz su santa grey
Y paz, y paz su santa grey.

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El anuncio jubiloso de los ángeles era digno del Rey Celestial. Pero hoy día ¿cómo honramos nosotros a Su Majestad?

En sus preparativos para celebrar la Navidad el mundo no Le admite. Nuestro Señor Jesucristo, el Mesías anhelado, realmente no encaja con el pluralismo de hoy. Por esto es que los símbolos de la celebración de Su nacimiento no están permitidos en las escuelas y lugares públicos del país.[1]

No importa que Él fue Quién creó el universo y que cada día del futuro ya está escrito en Su libro.[2] No importa que sólo Él puede realizar nuestro deseo para la paz verdadera y el alborozo que dura para siempre. ¡Sus instrucciones ofenden al mundo! Los mundanos se resienten de Su nombre a menos que puedan re-inventarle como un diós que se parece a ellos mismos (Salmos 50:21). Su santidad es un afronte a la comodidad de los mundanos. Se esconden de Él (como lo hicieron Adán y Eva), rehusan Su existencia, o llenan sus vidas con distracciones superficiales y otras alternativas.

Mientras tanto, muchos de nosotros los creyentes estamos tan preocupados con los preparativos para la fiesta que no buscamos a Su voluntad ni nos acongojamos por Su ausencia.

El Rey cuyo nacimiento celebramos estará triste, pero no Se sorprende (Juan 2:24). Hace muchísimos años, Él estaba en Jerusalén mirando al mundo tan cegados por deseos y ambiciones humanas que ni siquiera podían ver al Salvador en medio de ellos. "¡Si tu conocieses," dijo Él con gran tristeza, "lo que toca a tu paz! Pero ahora están escondidos de tus ojos." (Lucas 19:42)

La Iglesia que se compromete

Hoy día, casi 2000 años más tarde, los líderes religiosos todavía encabezan la cruzada contra Cristo. Muchos de ellos han consentido al nuevo consenso global acerca de la espiritualidad, es decir que todas las religiones son iguales y son buenas — a excepción del Cristianismo bíblico. En este milenio nuevo no se puede tolerar una fé tan estrecha. La "Cultura de Paz" que prevén no tiene espacio para los valores bíblicos de Dios que "desunen" la gente. El confiar en las verdades eternas de Dios no encaja con el estándar global de salud mental. En cabeza de esta trasformación cultural están innumerables iglesias que enseñan una versión deformada del Cristianismo, ¡sin la cruz y sin Cristo!

No es sorpresa, entonces, que varios teólogos, avergonzados, se unieron a la protesta pública cuando algunos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos se atrevieron a nombrar a Jesucristo en público.[3] Parece que estos líderes "cristianos" que se sintieron ofendidos toleran mejor las evasiones y las mentiras que la verdad y la luz bíblicas. Pero, efectivamente, tal era el clima religioso en esa noche gloriosa cuando vino a la tierra nuestro Rey y en que el regocijo de los ángeles atravesó la quietud de los cielos.

Es verdad que Jesucristo nació en una cultura en que gobernaba el mismo cerebro espiritual que hoy en día estimula a la muchedumbre. El apóstol Juan lo dijo así: "El mundo entero está puesto en maldad" (1 Juan 5:19)

Es por eso que los líderes religiosos durante Su tiempo en la tierra no toleraban la llamada de Jesús a la pureza y a la separación. "Vengan a Mí..." significaba salirse de la manera de vivir aceptable del mundo, y ésta era una noción peligrosa que amenazaba el sistema de esos líderes. El Mesías tan anhelado sería bienvenido entre ellos solamente si Se conformara a las ideas contemporáneas. El apóstol Juan  resumió así esta tragedia además del triunfo:

"Estaba en el mundo, y el mundo fué hecho por Él; y el mundo no Le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que Le recibieron les dió privilegio de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre:los cuales son engendrados, no de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de hombre, pero de Dios." (Juan 1:10-13)

La naturaleza humana y la batalla espiritual, que aún continúa con vigor contra Jesucristo, Su Palabra, y Sus discípulos, no cambian con el tiempo que pasa. Las iglesias siguen ajustándose a la cultura y según las estadísticas lo hacen muy sistemáticamente.

En general el mundo respeta que mostremos estrellas, ángeles, árboles de Navidad, o un bonito bebito que duerme en un pesebre. Pero sigue "no habiendo lugar en el mesón" para el Rey que nos invita a seguir Su camino humilde. Si escogimos dejarle "nacer en nosotros" debemos también sufrir como Él y llevar con Él "la ofensa de la cruz", es decir el antagonismo del mundo hacia la vida separada y crucificada que Cristo les otorga a los que Le aman. (Gálatas 5:11)

La Navidad contrahecha

Sin embargo, el mayor problema con la Navidad no es la manera en que trivializamos los ángeles y los pastores, ni son las estaciones del año. No creo que le importe a Jesús que celebremos Su nacimiento en diciembre o en otro mes.

Tampoco se trata de altenativas religiosas para la Navidad. Aunque en las escuelas públicas y en ciertos hogares las fiestas del Kwanza, de Hanukkah, y del solsticio del invierno han tomado el lugar de la Navidad, esto por sí no hará que se debilite la Iglesia. Sólo hay que mirar a la China. Donde los cristianos verdaderos encuentran los mayores desafíos a su fé y a sus familias, es ahí que demuestran un aumento de su fé y de su perseverancia (así como un aumento en el número de ellos) que debería avergonzar a la iglesia en América. (Lucas 6:22)

Tampoco hablamos de los orígenes paganos de las tradiciones de Navidad las más estimadas. Poca gente conoce la historia de los árboles de Navidad, del muérdago, o de la antigua celebración a medio-invierno de la diosa-madre con su hijito nacido en medio del invierno. Aunque es posible que estas raíces impías puedan contribuir a la complacencia espiritual, la verdadera crisis es más íntima.

El problema básico se trata de nuestra visión de Dios y nuestra relación con Jesucristo. Se nos ha enseñado a ver al Rey del Universo como si fuera un superSanta Claus y no como el Dios celoso que nos hace responsables a Su Palabra. Olvidamos que su favor hacia nosotros está diseñados para hacernos conformes con Su imágen, no es para darnos todo lo que deseamos.

Dios se acongoja cuando nosotros, Su pueblo, hacemos de Su culto una oportunidad para gratificarnos a nosotros mismos, o cuando fingimos hacer lo que Le agrada cuando en realidad estamos haciendo lo que nosotors queremos. Su humilde nacimiento en Belén nos muestra cuánta privación Él estaba dispuesto a soportar por nuestro bien. Su humildad, que no disminuye de ningún modo su carácter glorioso de Rey eterno, nos inspira a darle nuestra vida, a entregarnos a Su voluntad, a soportar la persecución, y a fijar nuestra esperanza en la eternidad.

El apóstol Pedro no comprendía tal amor tan resuelto, así que cuando Jesús declaró Su muerte inminente, Pedro trató de alentarle diciendo, "Señor, ten compasión de ti; ¡en ninguna manera esto te acontezca!" Tenía buenas intenciones, pero estaba equivocado. Jesús tuvo que corregirle, tanto para nuestro bien que para el bien de Pedro. Se volvió hacia Su amigo y discípulo y le dijo algo que no cabría con el proceso de consenso y de exactitud política de hoy día:

"Quítate de delante de mí, Satanás; me eres escándalo; porque no entiendes lo que es de Dios sino lo que es de los hombres... Si alguno quiere venir en pos de Mí, que se niegue a sí mismo, y tome su cruz, y Me síga." (Mateo 16:22-24)

Celebremos al Rey

Pedro se concentraba en "lo que es de los hombres". En esta Navidad ¿cómo podemos concentrarnos en "lo que es de Dios"?

Hace dos mil años, Dios tocó a los corazones de tres hombres. Estos hombres habrían valuado mucho las verdades que hoy tenemos disponibles. Regocijando, recibieron la poca información que Dios les dió, y empezaron un largo y peligroso peregrinaje para ir a adorar al Rey recién nacido:

"...he aquí unos magos vinieron del oriente á Jerusalem, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos á adorarle." (Mateo 2:1-2)

Estos peregrinos no temían poner a riesgo sus vidas en emprender tan largo y peligroso viaje. Habían escogido con atención los regalos que traían con ellos. Dios debe haber sido contento. Aunque Él no necesitaba sus obsequios, podía ver el amor en sus corazones.

Ha habido regalos que Dios no apreció. Cuando Ananías y Safira fingieron ofrecer todo lo que tenían aunque retenían una parte de su riqueza, cayeron muertos. ¡Qué resultado aterrador de lo que a primera vista parecía ser buenas intenciones! En ese acto Dios nos mostró algo de Su carácter: Él quiere nuestra devoción sincera, no quiere una apariencia pretensiosa de piedad.

En los días del Antíguo Testamento, el pueblo escogido de Dios fingió obediencia a Sus reglamentos. Bien que ofrecían los sacrificios ordenados, su obediencia era cultural. Tenían que hacerlo, pues todos se vigilaban el uno al otro. Pero trataban de estafar a Dios omnisciente, dando lo más poco posible en sus obsequios manchados que tenían poco valor para los hombres y aún menos que nada para Dios. Reservaban lo mejor para ellos mismos. Por lo tanto Dios les avisó

"Maldito el engañoso,
 que tiene macho en su rebaño,
 y promete, y sacrifica lo dañado á Jehová:
 porque yo soy Gran Rey,
dice Jehová de los ejércitos,
y mi nombre es formidable entre las gentes."

(Malaquías 1:14)

Entonces como ahora, es hipocresía pretender obedecer los reglamentos bíblicos; ¡es fingir lealtad a Cristo cuyo nombre llevamos! Pero María demuestra lo que es la devoción verdadera que Dios espera de los que Le siguen. Miren esta respuesta que ella dió al mensaje increíble que le habló el ángel, un mensaje que le llamaba a padecer la deshonra de estar embarazada fuera del matrimonio, en medio de una sociedad en la que la promiscuidad sexual exigía la muerte:

"'¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.'
Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.
Entonces el ángel le dijo: 'María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS...'

Entonces María dijo al ángel: '¿Cómo será esto? porque no conozco varón.'
Y respondiendo el ángel le dijo: 'El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios.... Porque ninguna cosa es imposible para Dios.'
Entonces María dijo: 'He aquí la sierva del Señor; hágase a mí conforme a tu palabra. Y el ángel partió de ella.' (Lucas 1:28-38)

Dios escogió a María pues Él conocía su corazón. Él sabía que ella estaba dispuesta a hacer todo lo que Él le pidiera. Su obsequio era su fé, su amor, su futuro, su vida. Ella sabía que lo que el Antíguo Testamento llamaba siervo significaba ceder todo al servicio de Dios, y se rindió enteramente "en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios..." Romanos 12:1.

El verso que sigue nos muestra nuestra parte en el proceso que dura toda la vida en que Dios nos conforma a la vida de Jesucristo, haciendo de nosotros un testimonio viviente de Su bondad hacia para el mundo:

"...no se conforman a este mundo; pero refórmense por la renovación de su entendimiento, para que experimenten cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta." (Romanos 12:2)

En otras palabras, el obsequio que Dios quiere de nosotros es nuestras propias vidas, dedicadas completamente a Él. Sólo entonces podemos serle útiles para realizar Sus propósitos en la tierra. Para esto necesitamos estar totalmente entregados a Él para toda la vida, para alimentarnos con Su Palabra, seguir Su camino, y demostrar Su vida. Hay una ley de Dios, transmitida por Mosé y enfatizada por Jesús, que resume esto:

"Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Y las repetirás á tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes."
(Deuteronomio 6:5-7)

Esto significa que todo lo que pensamos, lo que dejamos entrar en nuestra mente, lo que compartimos con nuestra familia, lo que mostramos al mundo, debe ser para nuestro Rey y proceder de Él. Su vida es nuestro mensaje y nuestras vidas son Su mensaje. Es una gran tarea, pero cuando estamos consecrados enteramente a Dios y nos reposamos en Él, es Él mismo quien la cumplirá.

"Rey mío y Dios mío...
Bienaventurado el hombre que tiene su fortaleza en ti;
En cuyo corazón están tus caminos. (Salmos 84:3,5)

El camino de Dios para Su propio Hijo bien amado condució a través de un establo humilde. Los que Le adoraron eran nada más que Sus padres y unos pastores pobres quienes, en la tranquilidad de la noche, habían oído los ángeles cantar. En nuestro proprio viaje ¿de qué manera podemos mejor adorar a Jesucristo cada día y en la Navidad?

¡O inapreciable Pastor y Rey nuestro, muéstranos!

En lugar humilde, cuánto nos dió
ese día nuestro Dios,
Del pesebre que camino siguió:
Sagrada vía y perfecta.

Estribillo
¡Aleluia! ¡Cantaban ángeles!
¡Aleluia! ¡Cómo sonó!
El cielo brilló con sagrada luz:
Había nacido el Rey.

Melodía: http://www.hymntime.com/tch/mid/b/i/r/birthday_of_a_king.mid


Notas:

1.       Christmas (http://www.crossroad.to/News/Seasonal/Christmas.html)

2.       Salmo 139:16

3.       A estos candidatos – George Bush, Gary Bauer, and Orrin Hatch – se les había preguntado quiénes eran sus filósofos/pensadores preferidos. Artículo reportaje por Richard L. Berke, "Religion Center Stage in Presidential Race", en The New York Times, 15 de diciembre de 1999.

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